Tarta de frutas con crema pastelera: receta fácil y vistosa

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Tarta de Frutas de Temporada: Un jardín sobre crema suave.

Hay postres que cuentan historias de veranos, de sobremesas largas y de frutas recién cogidas del árbol. Esta tarta de crema con frutas es un homenaje a la sencillez. No busco la perfección de una pastelería industrial; busco el brillo natural de las frutas y la sedosidad de una crema hecha a fuego lento, sin prisas. Es una tarta que respira, que tiene colores vivos y que sabe a hogar.
Esta versión de la tarta de frutas se aleja un poco de la clásica elaborada con hojaldre para ofrecerte algo más íntimo y personal. Según la base que elijas —ya sea un hojaldre o una base tipo bizcocho—, obtendrás un contraste distinto: desde un bocado crujiente que estalla en la boca hasta una textura tierna que se funde con la crema. Es el postre definitivo para los amantes de la crema pastelera y, lo mejor de todo, es un lienzo en blanco que puedes decorar con cualquier fruta de temporada.
Raciones 6 personas
Tiempo de preparación 1 hora 30 minutos
Tiempo de cocción 45 minutos
Decoración tarta 30 minutos

Ingredientes

Para el bizcocho

  • 250 g harina
  • 4 huevos
  • 200 g azúcar de caña integral
  • 1 yogur natural
  • 50 ml aceite de oliva virgen extra
  • 1 sobre levadura en polvo
  • ralladura de limón
  • mantequilla para engrasar el molde

Para la crema pastelera

  • 520 ml. leche entera
  • 150 g. azúcar blanco
  • 50 g. harina de maíz
  • 5 yemas de huevo tamaño L
  • 1 rama de canela
  • 1 piel de naranja

Decoración

  • 4 fresas
  • 1 kiwi
  • 1 manzana
  • 1 melocotón (en almíbar si no es temporada)
  • 1 hoja de gelatina
  • 2 cda mermelada de melocotón

Instrucciones

Bizcocho

  • Precalentamos el horno a 180 grados, con calor arriba y a bajo.
  • Separamos las yemas de las claras. Montamos las claras con la mitad del azúcar y blanqueamos las yemas junto al resto del azúcar.
  • Añadimos el yogur, el aceite y la ralladura de limón a las yemas.
  • Añadimos la harina y la levadura tamizada.
  • Una vez todo mezclado incorporamos las claras de forma suave y envolvente.
  • Engrasamos el molde con un poco de mantequilla, harina o forramos con papel de horno y vertemos la masa.
  • Llevamos nuestra masa al horno (precalentado a 180°C) y horneamos durante 35-40 minutos. La señal definitiva de que está listo es cuando el aroma a hogar inunda tu cocina. Para asegurarte, introduce un palillo en el centro: si sale limpio y seco, es el momento de sacarlo.
    Truco Soulfood: Si ves que se dora demasiado rápido por arriba pero aún le falta tiempo, cúbrelo con un poco de papel de aluminio para que termine de cocinarse sin quemarse."
  • Retiramos del horno, déjalo reposar unos 10 minutos dentro del molde sobre una rejilla. Pasado ese tiempo, desmolda con cuidado y deja que se enfríe totalmente al aire. Es muy importante que la base esté fría antes de añadir la crema o la fruta, así evitaremos que el calor humedezca la masa y pierda su textura.

Crema Pastelera

  • En un cazo a fuego medio, vertemos los 500 ml de leche y añadimos la cáscara de naranja (procura que no tenga mucha parte blanca para que no amargue) y la rama de canela. Calentamos suavemente hasta que esté a punto de hervir. En ese momento, retiramos del fuego, tapamos y dejamos infusionar durante unos 10 minutos. Este reposo es el verdadero secreto para que nuestra crema tenga un sabor profundo y reconfortante.
  • Mientras la leche absorbe todos los aromas en el fuego, preparamos el corazón de la crema. En un bol aparte, mezclamos las yemas con el azúcar, los 20 ml de leche que habíamos reservado y la maicena. Batimos con energía (unas varillas manuales son tus mejores aliadas aquí) hasta que la mezcla cambie a un tono más pálido y, sobre todo, hasta que la harina de maíz esté completamente disuelta. Queremos una base lisa y sin un solo grumo, la clave para que nuestra tarta sea pura seda en el paladar.
  • Ahora, con mucha calma, vertemos la leche infusionada (pasándola por un colador para retirar la canela y la naranja) sobre el bol de las yemas. Es vital hacerlo poco a poco y sin dejar de remover para que las yemas se atemperen suavemente.
    Devolvemos la mezcla al cazo y cocinamos a fuego medio-bajo. Aquí viene el secreto de la paciencia: bate sin dejar de remover con las varillas, llegando bien a todos los rincones del cazo. Verás cómo, de repente, la magia ocurre y la mezcla empieza a espesar. En cuanto veas que tiene esa consistencia cremosa y firme, retírala del fuego. ¡Ya tienes el corazón de tu tarta listo!"
  • Una vez que nuestra crema ha espesado, la pasamos por un colador fino directamente a un recipiente de vidrio ancho. Usar un recipiente amplio no es casualidad; al extender la crema, el calor se disipa mucho más rápido, cortando la cocción y manteniendo ese color amarillo vibrante.
    Truco fundamental: Para evitar que se forme esa costra dura en la superficie al enfriarse, coloca papel film transparente directamente sobre la crema ('a piel'), asegurándote de que no queden burbujas de aire. Déjala atemperar antes de llevarla a la nevera; la paciencia aquí se traduce en una suavidad incomparable.
  • Una vez fría, la incorporamos en una manga pastelera.

Montaje tarta

  • Una vez que el bizcocho esté completamente frío, llega el momento de prepararlo para la decoración. Con un cuchillo de sierra largo (el de pan es ideal), retiramos con cuidado la parte superior. El objetivo es conseguir una superficie recta y nivelada, eliminando esa pequeña 'montañita' que suele formarse en el centro.
  • Añadimos la crema con la manga pastelera a nuestro gusto. Es muy importante que la crema esté completamente fría para poder trabajarla bien.
  • Lavamos con mimo las frutas elegidas y las secamos muy bien con papel de cocina (este detalle es vital para que no suelten agua sobre la crema). Cortamos las piezas en láminas finas y uniformes.
    Para decorar, empezamos desde el borde exterior hacia el centro, solapando ligeramente cada lámina de fruta para crear capas concéntricas. Juega con los contrastes: el rojo de las fresas junto al verde del kiwi o el naranja del melocotón.
  • Para que nuestra tarta luzca vibrante y la fruta se mantenga fresca por más tiempo, prepararemos un glaseado sencillo pero eficaz. Hidratamos la gelatina en agua fría y, una vez esté blanda, la escurrimos bien y la fundimos apenas 30 segundos en el microondas.
    Mezclamos la gelatina fundida con la mermelada (la de albaricoque o melocotón son ideales por su tono neutro) hasta obtener un almíbar brillante. Con ayuda de un pincel, pintamos suavemente la fruta. Verás cómo los colores cobran vida propia y la tarta adquiere ese acabado profesional de vitrina artesana.
  • Una vez terminada, la reservamos en la nevera hasta el momento de servir. Este tiempo de frío no es solo para conservar la fruta; es el momento en que los sabores se abrazan: la crema termina de asentarse y la base adquiere la temperatura ideal.
    Truco Soulfood: Sácala de la nevera unos 5-10 minutos antes de llevarla a la mesa. De este modo, la crema recuperará toda su sedosidad y los aromas de la fruta y la canela estarán en su punto álgido. ¡Prepárate para disfrutar de un bocado con alma!

Notas

Esta tarta es como un lienzo en blanco. Si buscas un sabor más intenso y diferente, la combinación de frutas tropicales es deliciosa. El mango y la piña natural (bien escurrida) funcionan de maravilla con nuestra crema pastelera. Es la opción perfecta para los meses de calor o cuando quieres sorprender con un postre que se sale de lo habitual. ¡No olvides el brillo de mermelada para que el mango luzca espectacular!
¿Te ha gustado esta tarta con alma? Si te animas a prepararla, dímelo en los comentarios!. Me hace muchísima ilusión ver vuestras versiones y saber que estas recetas llegan a vuestras mesas.
Author: Gemma Vallverdú
Plato: Dessert, Postre
Palabra clave: Bizcocho, Crema Pastelera, Frutas, Frutas de temporada, Postre, Tarta

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