
El tesoro de la Iaia Carmen: un manuscrito rescatado por el tiet Jaume
Esta receta es, posiblemente, la más especial de mi cocina. Están inspiradas en las que hacía mi abuela Carmen: una mujer extraordinaria y una cocinera de las que ya no quedan.Nunca he probado unas croquetas tan buenas como las suyas. Y es que las abuelas tienen ese toque especial, ese amor… esa magia que hace brillar cada plato que elaboran. He adaptado su receta a mi forma de hacerlas, pero manteniendo intactos los ingredientes y la esencia que ella utilizaba. Cada bocado es un viaje de vuelta a su lado.Nada de esto sería posible sin mi tiet Jaume, que tuvo la sensibilidad y el cariño de recoger y transcribir todas estas recetas mientras mi Iaia las preparaba. Gracias a su labor de guardián de nuestra memoria gastronómica, hoy puedo tener este manuscrito entre mis manos.Dicen que las personas nunca se van del todo mientras permanezcan en nuestros recuerdos y pensamientos. Por eso, cada vez que cocino y pruebo estas croquetas, la siento a mi lado. Es mi manera de abrazarla de nuevo a través de los sabores que ella me enseñó. 🖤
Ingredientes
- 1 Pechuga de pollo Ya sea cruda o rustida
- 1 Cebolla grande
- 1 tomate maduro rallado
- Leche
- Sal
- 1 cda Mantequilla
- Acceite de Oliva Virgen Extra
Para rebozarlas
- 1 huevo
- Pan rallado (farina de galeta)
Instrucciones
Para hacer la masa de croquetas
- Comenzamos preparando el alma de la croqueta. Coge la pechuga de pollo (ya sea cruda o ese resto de pollo rustido que tanto sabor tiene) y trínchala muy fina.
- En una cazuela con un buen chorro de aceite de oliva, añade la cebolla troceada muy pequeña.
- Dejamos que se poche a fuego lento, sin prisa, hasta que esté bien transparente y dulce. En ese momento, incorporamos el tomate rallado. Este paso es el secreto de la Iaia: dejamos que el tomate pierda su agua y se concentre con la cebolla hasta que tengamos un sofrito brillante, oscuro y lleno de sabor. Es la base donde nacerá todo el aroma de nuestra croqueta.
- Ahora es el momento de añadir el ingrediente principal, y lo haremos dependiendo de cómo lo tengamos:Si el pollo es crudo: Lo trinchamos muy finito y lo añadimos ahora al sofrito de cebolla y tomate. Dejamos que se cocine bien con el resto de ingredientes para que suelte sus jugos y se impregne de la base.Si el pollo es de cocido (o rustido): Como ya está cocinado, lo trinchamos con cuidado y lo añadimos al final de este paso. Solo necesitamos que dé un par de vueltas con el sofrito para que se "abrace" a los sabores, pero sin pasarnos de cocción para que mantenga su jugosidad.
- Con el sofrito y el pollo ya integrados, añadimos las 2 o 3 cucharadas de harina. Este paso es crucial: hay que remover bien y dejar que la harina se tueste durante un par de minutos con el calor del aceite. Al "cocinar" la harina evitamos que las croquetas tengan ese sabor a crudo tan poco agradable. Verás cómo se forma una pasta espesa que ha recogido todo el aceite y el sabor del fondo de la cazuela.
- Llega el momento de dar cremosidad. Vamos vertiendo la leche poco a poco, siempre a chorritos pequeños y sin dejar de remover con las varillas o una cuchara de madera. La masa irá absorbiendo la leche y creciendo. Justo antes de retirarla del fuego, cuando ya esté espesa y se despegue de las paredes, añadimos media cucharada de mantequilla y la sal. La mantequilla es el toque final de la Iaia para que la masa sea sedosa, brillante y se deshaga en la boca.
- Pasamos la masa a una fuente y dejamos que repose (si puede ser toda la noche, mejor). Una vez fría y manejable, preparamos un plato con huevo batido y una pizca de sal, y otro con farina de galeta (pan rallado). Cogemos porciones de masa con el cariño que merece esta receta y les damos forma. Las pasamos por el huevo y luego por el pan rallado, asegurándonos de que queden bien cubiertas para que no se abran al freír.
- Finalmente, freímos las croquetas en abundante aceite de oliva muy caliente. Al dorarse, el aroma que desprenden es el mismo que inundaba la cocina de la Iaia Carmen. Al morderlas y notar esa cremosidad con el toque de tomate y el pollo bien trinchado, entenderás por qué las personas nunca se van del todo. En cada bocado, la Iaia vuelve a estar sentada a nuestra mesa.
Notas
📝 Notas de Gemma 🖤 (El alma de la receta)
- El legado de la Iaia Carmen 👵: Esta no es una receta más en mi blog; es un pedacito de mi historia. Estas croquetas son el recuerdo vivo de mi Iaia, una mujer que cocinaba con una intuición y un amor que llenaban la casa. He respetado cada uno de sus pasos, porque creo que la cocina es la mejor forma de mantener vivos a quienes queremos.
- El secreto del tomate 🍅: A diferencia de otras recetas, la Iaia añadía tomate rallado al sofrito. No omitas este paso; es lo que les da ese color ligeramente dorado y un sabor profundo y casero que las hace únicas.
- El picado “a la antigua” 🔪: Aunque hoy tengamos robots de cocina, te animo a trinchar el pollo a mano. Encontrar esos trocitos irregulares de carne es lo que diferencia una croqueta industrial de una auténtica joya artesana.
- La importancia del reposo ❄️: La masa necesita calma. Como decía la Iaia, “las cosas buenas no quieren prisas”. Deja que la masa repose en la nevera, tapada a piel con film, al menos 12 horas. Esto hará que sea mucho más fácil de bolear y que los sabores se asienten.
- ¿Pollo crudo o de aprovechamiento? 🍗: Esta receta es mágica porque funciona igual de bien con una pechuga fresca que con los restos del pollo rustido del domingo o de la escudella. Si usas pollo ya cocinado, asegúrate de que esté bien limpio de pieles y huesos antes de trinchado.
- Farina de galeta 🥖: Usa un pan rallado de calidad. Si puedes conseguir uno que sea un poco más grueso o artesano, el contraste con el interior cremoso será espectacular.
Cuando las prepares, no pienses solo en los ingredientes. Ponle intención, ponle cariño. Al final, el ingrediente secreto de la Iaia Carmen era ese: que cada croqueta era un bocado de amor para los suyos.” 🖤
