
La receta definitiva: Tarta de queso al horno con mermelada casera de cerezas
Hay recetas que no se miden por el tiempo de horneado, sino por lo que nos hacen sentir. La tarta de queso tipo "La Viña" ha sido durante mucho tiempo un pilar en mi cocina; ese postre que nunca falla, que equilibra el carácter rústico de su exterior tostado con un corazón que se deshace al tacto. Sin embargo, en esta búsqueda constante de elevar mis favoritos, he descubierto que a veces lo que marca la diferencia no es cambiar toda la receta, sino añadir un elemento que despierte el resto de los matices.Esta vez, he querido acompañar la cremosidad intensa del queso con una mermelada de cerezas casera, cocinada a fuego lento. No es solo un complemento; es una declaración de intenciones. Al añadir este toque frutal, la tarta se transforma. El contraste entre la acidez profunda de la cereza y la grasa láctea del queso crea una armonía espectacular, un sabor que se siente nuevo y, a la vez, profundamente familiar.Para mí, esta versión sabe a hogar. Es el tipo de sabor que te transporta a una tarde de domingo, donde la cocina se llena de aromas que calman y el tiempo parece ralentizarse. Es ese "algo más" que convierte una buena tarta en un momento de paz absoluta.Al preparar esta receta, no solo vas a hornear un postre; vas a dedicarte un rato de calma. La mermelada, hecha con mimo y sin prisas, es el puente que une la elegancia de una tarta de restaurante con la calidez de la cocina hecha en casa. Te invito a que experimentes este equilibrio y a que descubras cómo un ingrediente, el que elijas con cariño, puede cambiarlo todo.
Ingredientes
- 750 g Queso crema (a temperatura ambiente)
- 380 g. nata para montar (35% MG)
- 20 g. de maicena o harina de trigo
- 5 u. huevos tamaño L
- 200 grm. azúcar blanco
Para la mermelada de cerezas:
- 300 g de cerezas
- 75 g azúcar
- 1 cda zumo de limón
Instrucciones
- Para empezar, prepara la mermelada limpiando 300 g de cerezas, quitándoles el hueso y cortándolas en mitades o cuartos. En un cazo mediano, vierte las cerezas junto con 75 g de azúcar y una cucharada de zumo de limón, dejando que maceren unos 15 a 20 minutos. Este paso es fundamental para que el azúcar extraiga los jugos naturales de la fruta. Pasado ese tiempo, cocina a fuego suave durante 15 a 20 minutos, removiendo ocasionalmente con una espátula de madera hasta que la mezcla brille y espese sin perder los trozos de fruta. Una vez lista, retírala del fuego, tritura y deja que se enfríe completamente a temperatura ambiente.
- Precalentamos el horno a 210°C con calor arriba y abajo. Mientras, humedece ligeramente un trozo grande de papel de horno, arrúgalo con las manos y escúrrelo. Al estar húmedo, se adaptará perfectamente a las paredes de tu molde (te recomiendo uno desmoldable de unos 23 cm).
- En un bol grande, batimos el queso crema con el azúcar hasta que obtengas una mezcla lisa, brillante y sin ningún grumo. Puedes hacerlo con varillas manuales, no hace falta mucha fuerza.
- Añadimos la nata para montar y seguimos batiendo suavemente. Verás que la mezcla empieza a coger una textura más sedosa y con un poco más de cuerpo.
- Añadimos los huevos de uno en uno. Este paso es clave: no añadas el siguiente hasta que el anterior esté totalmente integrado. Bate con suavidad; no queremos introducir aire a la masa para que no suba como un bizcocho, sino que quede densa y cremosa.
- Por último, incorporamos la harina tamizada. Mezclamos con movimientos envolventes hasta que la masa sea completamente homogénea.
- Vertemos la mezcla en el molde y horneamos unos 40 minutos.
- Si la prefieres más líquida (estilo coulant): Simplemente reduce el tiempo de horneado unos 3 a 5 minutos. El centro debe quedar bastante más tembloroso al sacarla. Ten en cuenta que, al estar menos cuajada, el reposo será aún más crítico para que gane estabilidad al cortarla.
- Al sacarla, verás que el centro "baila" un poco (estilo flan). No te asustes, es normal. Deja que se atempere del todo fuera de la nevera y, una vez fría, métela en el frigorífico un mínimo de 4 horas (aunque mi consejo es que la dejes toda la noche).
- Finalmente, sirve cada porción regándola generosamente con la mermelada casera al gusto, dejando que el almíbar se deslice sobre la cremosidad del queso.

Notas
📝 Notas de Gemma:
- 🧀 El secreto del queso: Para que tenga ese sabor auténtico, usa siempre un queso crema tipo Philadelphia (con toda su grasa, nada de versiones light aquí).
- 🥚 Huevos uno a uno: No tengas prisa. Añade los huevos de uno en uno y bate suavemente. No queremos meterle aire a la masa, solo queremos que sea una crema densa y suave.
- 🔥 El quemadito perfecto: No te asustes si por fuera parece «quemada» y por dentro se mueve como un flan. ¡Ese es el punto exacto! Al enfriarse, esa textura se convertirá en pura crema.
- ⏳ La paciencia tiene premio: Es tentador hincarle el diente en cuanto sale del horno, pero lo mejor es dejarla reposar unas horas a temperatura ambiente y luego toda la noche en la nevera. Al día siguiente está infinitamente más buena.
Cuidar nuestras raíces a través del fuego
Si te apasiona la cocina con
origen e historia 🌿
Esta receta es solo un pedacito de lo que significa para mí cocinar con alma. He creado un recetario digital para que tú también puedas rescatar esos sabores que cuentan una historia, sin prisas y con todo el respeto a nuestra herencia.
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Se ve deliciosa, gracias por compartirla. A ver cuando me animo a prepararla 😉
Muchísimas gracias por tu comentario. Ya me cuentas que tal 😉