Para empezar, prepara la mermelada limpiando 300 g de cerezas, quitándoles el hueso y cortándolas en mitades o cuartos. En un cazo mediano, vierte las cerezas junto con 75 g de azúcar y una cucharada de zumo de limón, dejando que maceren unos 15 a 20 minutos. Este paso es fundamental para que el azúcar extraiga los jugos naturales de la fruta. Pasado ese tiempo, cocina a fuego suave durante 15 a 20 minutos, removiendo ocasionalmente con una espátula de madera hasta que la mezcla brille y espese sin perder los trozos de fruta. Una vez lista, retírala del fuego, tritura y deja que se enfríe completamente a temperatura ambiente.
Precalentamos el horno a 210°C con calor arriba y abajo. Mientras, humedece ligeramente un trozo grande de papel de horno, arrúgalo con las manos y escúrrelo. Al estar húmedo, se adaptará perfectamente a las paredes de tu molde (te recomiendo uno desmoldable de unos 23 cm).
En un bol grande, batimos el queso crema con el azúcar hasta que obtengas una mezcla lisa, brillante y sin ningún grumo. Puedes hacerlo con varillas manuales, no hace falta mucha fuerza.
Añadimos la nata para montar y seguimos batiendo suavemente. Verás que la mezcla empieza a coger una textura más sedosa y con un poco más de cuerpo.
Añadimos los huevos de uno en uno. Este paso es clave: no añadas el siguiente hasta que el anterior esté totalmente integrado. Bate con suavidad; no queremos introducir aire a la masa para que no suba como un bizcocho, sino que quede densa y cremosa.
Por último, incorporamos la harina tamizada. Mezclamos con movimientos envolventes hasta que la masa sea completamente homogénea.
Vertemos la mezcla en el molde y horneamos unos 40 minutos.
Si la prefieres más líquida (estilo coulant): Simplemente reduce el tiempo de horneado unos 3 a 5 minutos. El centro debe quedar bastante más tembloroso al sacarla. Ten en cuenta que, al estar menos cuajada, el reposo será aún más crítico para que gane estabilidad al cortarla.
Al sacarla, verás que el centro "baila" un poco (estilo flan). No te asustes, es normal. Deja que se atempere del todo fuera de la nevera y, una vez fría, métela en el frigorífico un mínimo de 4 horas (aunque mi consejo es que la dejes toda la noche).
Finalmente, sirve cada porción regándola generosamente con la mermelada casera al gusto, dejando que el almíbar se deslice sobre la cremosidad del queso.