Antes de montar el postre, ponemos las frambuesas y los arándanos en un bol con una cucharada de azúcar y unas gotas de zumo de limón. Déjalos reposar 20 minutos. Verás que sueltan un jugo vibrante y brillante; ese almíbar natural es el que usaremos para teñir nuestra crema y darle ese sabor intenso a fruta.
Empezamos separando las yemas de las claras.
Añadimos la mitad del azúcar a las yemas y batimos con unas varillas eléctricas hasta que doblen su volumen y veamos que han espesado.
Le añadimos el queso Mascarpone y lo integramos bien con una espátula, hasta que esté totalmente disuelto.
Trituramos las frambuesas hasta obtener un puré y las añadimos a la preparación anterior.
Por otro lado, batimos las claras a punto de nieve, cuando ya casi estén les añadimos el azúcar restante.
Una vez montadas, las añadimos con MUCHO cuidado, de forma suave con una espátula, de abajo hacia arriba, con movimientos envolventes a las yemas. Este es el truco de que nos quede una buena crema, que no se bajen las claras, ellas son las que aportan la firmeza y textura del tiramisú.
Lo reservamos en la nevera mientras preparamos el café.
Cuando tenemos el café, le añadimos el Amaretto al gusto. Personalmente si añades mucho, destaca demasiado sobre el resto de ingredientes. Yo solo le doy un toque. Lo dejamos que atempere un poco.
Ahora montamos nuestro tiramisú, empapando los bizcochos en el café, lo justo para que no haya exceso de liquido. Hacemos la primera base de bizcochos.
Añadimos una capa de mascarpone y la repartimos.
Hacemos otra capa con los bizcochos, escurriéndolos si es necesario.
La ultima capa de la crema la hago con manga pastelera, pero se puede hacer sin ella.
Dejamos reposar en la nevera un mínimo de 5 horas.
Espolvoreamos el cacao con ayuda de un tamiz o colador a la hora de servirlo.
A disfrutarlo♥️