En una sartén con abundante AOVE, pocha la patata con la cebolla a fuego lento hasta que estén confitadas y tiernas. Escurre bien el aceite.
Por otro lado, saltea los corazones de alcachofas laminados hasta que doren ligeramente.
Haz lo mismo con el picadillo de calabacín y berenjena, buscando que se evapore el agua y queden melosos.
Asegúrate de que tu sanfaina esté bien reducida; necesitamos una textura concentrada, no líquida. Bate los huevos de tres en tres (3 para cada tortilla) añadiendo la sal a tu gusto. Para que el pastel gane esa altura tan visual, utiliza una sartén pequeña (18-20 cm). Cuaja cuatro tortillas individuales buscando el punto justo: que estén selladas por fuera para sostener el peso, pero jugosas por dentro.
Déjalas reposar unos minutos antes de montar el pastel.
Busca un plato de cerámica bonito y vamos a construir el pastel : Coloca la Tortilla de Patata. Es la más firme y la que dará estabilidad a todo el conjunto. Añade la tortilla de calabacín y berenjena. Incorpora la tortilla de alcachofas. Termina con la tortilla de sanfaina. Deja que su color rojizo y vibrante sea el protagonista y corone este edificio de sabor.
Este es el paso más importante: espera. Deja que el pastel descanse al menos 15 o 20 minutos antes de llevarlo a la mesa. Este reposo permite que las temperaturas se equilibren, los jugos se asienten y las capas "hagan bloque" de forma natural. Al cortarlo, verás que cada sección se mantiene perfecta.