Antes de encender el fuego, preparamos el producto con mimo. Limpiamos la sepia y los calamarcitos cortándolos en trozos de bocado. Quitamos las barbas a las gambas, limpiamos los mejillones y dejamos las almejas en agua fría con sal para que suelten cualquier rastro de tierra. Como es un Arroz del Senyoret, pelamos todas las gambas y reservamos las cabezas; estas son el tesoro que dará potencia al plato.
En nuestra paella, calentamos un buen chorro de aceite de oliva. Marcamos las gambas rápidamente para que dejen su esencia y las retiramos. En ese mismo aceite, doramos la sepia y los calamares hasta que cojan color. Reservamos.
Este es el paso más importante. Doramos los ajos picaditos y añadimos la cebolla picada muy finita. Dejamos que se cocine con paciencia hasta que esté transparente. Incorporamos el tomate rallado y cocinamos durante 20 minutos, permitiendo que todo caramelice.
Añadimos la sal, la pimienta, el pimentón, las hierbas provenzales y la melsa de la sepia (que aportará una profundidad increíble). Reincorporamos la sepia y el calamar, vertemos el vino blanco y dejamos que reduzca hasta que el sofrito esté concentrado y oscuro.
Mientras el sofrito hace su magia, trituramos las cabezas de las gambas con un cucharón de fumet y pasamos el resultado por un colador de malla muy fina. Añadimos este elixir al resto del fumet. Veréis cómo cambia el color y el aroma; este paso es pura magia.
Preparamos los corazones de alcachofa retirando las hojas duras hasta llegar a la parte más pálida y tierna, retirando los pelos que puedan contener en exceso. Cortamos a cuartos.
Añadimos el arroz bomba al sofrito y lo tostamos un poco para sellar el grano. Es el momento de añadir el fumet caliente y repartir los corazones de alcachofa, que habremos limpiado dejando un poco de tallo.
Cocinamos a fuego alegre durante unos 10 minutos y rectificamos de sal. Mientras, precalentamos el horno a 250°C.
Cuando el arroz esté casi listo, repartimos las gambitas, los mejillones y las almejas por la superficie (previamente cocidos y sin cáscara). Ahora, en lugar de remover con la cuchara, cogemos la paella por las asas y le damos unos movimientos de vaivén con energía. Este suave balanceo ayuda a que los jugos del marisco se integren bien con el arroz y que todo quede perfectamente asentado antes de entrar al horno.
Metemos la paella al horno durante 5 minutos. Retiramos.
Una vez fuera del horno, llega el momento más difícil pero el más importante: dejar reposar el arroz durante unos 4 minutos. Cubre la paella con un paño de algodón limpio. Este tiempo de espera permite que el calor residual termine de cocinar el corazón del grano y que los aromas se asienten. La paciencia es el último ingrediente de esta receta. ¡A disfrutar!