Precalentamos el horno a 200°C con calor arriba y abajo.
En una cazuela de barro (que mantiene el calor de maravilla) o de pírex, repartimos generosamente nuestra Sanfaina casera. Un truco de chef: si la verdura está muy fría de la nevera, caliéntala un minuto en el microondas o al fuego antes de poner los huevos; así te aseguras de que el centro del plato no quede frío. Con el dorso de una cuchara, crea dos pequeños huecos o "nidos" en la sanfaina. Casca los huevos y deposítalos con cuidado en cada hueco. Esto evita que la clara se desparrame y ayuda a que se cocine de forma recogida y estética.
Espolvorea una pizca de sal fina y pimienta negra recién molida directamente sobre las yemas. La pimienta recién abierta le da un aroma que despierta el dulzor de la berenjena y el pimiento.
Llevamos la cazuela al horno durante unos 5 minutos. Aquí la clave es la observación: buscamos que la clara esté opaca y blanca (cuajada), pero que la yema mantenga ese brillo tembloroso y fluido que tanto nos gusta. Como a mí, si te gusta poco hecho, no le quites el ojo a partir del minuto cuatro.
Sacamos la cazuela con cuidado (¡ojo, que el barro quema!). Justo antes de servir, espolvoreamos perejil fresco recién picado. El contraste del verde vivo sobre el rojo de la sanfaina hace que el plato entre por los ojos.