Calienta la leche en un cazo o en el microondas sin que llegue a hervir. Usarla templada es el truco número uno para que la mezcla no se corte por el choque térmico.
En una sartén honda o cazo, derrite la mantequilla a fuego medio.
Cuando esté fundida y empiece a burbujear un poco, añade la harina de golpe.
Remueve con unas varillas durante 2 minutos. Es fundamental que la harina se tueste ligeramente para que la bechamel no sepa a "harina cruda", pero vigila que no coja un color oscuro.
Este es el paso clave. Vierte un primer chorrito de leche y remueve enérgicamente con las varillas hasta que se forme una pasta espesa.
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Sigue añadiendo la leche en pequeñas tandas, integrando bien cada vez antes de añadir la siguiente.
Una vez vertida toda la leche, añade la sal, la pimienta y la nuez moscada.
Sigue removiendo a fuego lento durante unos 5-8 minutos hasta que veas que tiene la consistencia de una crema sedosa.
Ya estaría lista. Para un acabado profesional, pasa la batidora de mano (túrmix) directamente en el cazo durante unos segundos.