Salpimentamos bien todos los trozos de carne y los doramos en una cazuela con un buen chorro de AOVE hasta que queden bien sellados. Añadimos la cebolla cortada en juliana, la cabeza de ajos entera, el tomate y una cucharadita de hierbas provenzales. Dejamos que se sofría todo bien.
Cuando todo esté bien dorado cubrimos la carne con agua, rectificamos de sal y cocinamos a fuego muy lento durante dos horas. En la última media hora, añade las ciruelas si quieres ese matiz dulce tan especial que tanto nos gusta.
Una vez que la carne se ha enfriado, retiramos con mucho cuidado pieles y huesos. Es un trabajo manual que requiere paciencia para que el relleno sea perfecto.
Pasamos toda la carne por la picadora. Reservamos la salsa del rustido aparte.
Trituramos la salsa (incluyendo las ciruelas si las pusiste).
Y la mezclamos con la carne picada hasta conseguir una masa integrada, jugosa y fácil de trabajar.
-
Cocemos las placas siguiendo las instrucciones del producto. Al sacarlas, las pasamos por agua fría y las extendemos con mimo sobre un paño limpio y húmedo para que no se peguen.
Colocamos una porción de masa sobre cada placa y vamos cerrando nuestros canelones uno a uno.
Con paciencia y mucho cariño.
Si no vas a consumirlos todos al momento, mi recomendación es congelarlos sin la bechamel. Así, el día que decidas disfrutarlos, solo tendrás que hacer la salsa y hornear; parecerán recién hechos.
Para que estos canelones sean verdaderamente memorables, necesitan una capa generosa de bechamel que los mantenga jugosos durante el gratinado.Una vez tenemos los canelones preparados, es el momento de preparar una bechamel suave y sin grumos.Tienes todos mis trucos y el paso a paso detallado en mi post sobre cómo hacer la bechamel casera perfecta aquí. Precalienta el horno a 200°C en modo gratinador. Una vez lista la bechamel, cubre los canelones generosamente, añade el queso rallado y unos trocitos de mantequilla repartidos por encima; esto hará que el dorado sea espectacular, brillante y crujiente. 🖤