Salpimentamos bien la carne
Cuando la carne esté bien dorada (esto es clave para que el arroz tenga color), añadimos los dientes de ajo picados.
A continuación, incorporamos la cebolla y el pimiento picados finamente. Dejamos que todo reduzca a fuego lento durante unos 15 minutos, permitiendo que las verduras se caramelicen suavemente.
Añadimos el tomate rallado y lo dejamos cocinar otros 15 minutos más.
Mientras el sofrito va cogiendo ese tono oscuro y brillante, aprovechamos para limpiar nuestras alcachofas de temporada quitándoles las hojas duras y cortándolas a cuartos.
Vamos viendo que nuestro sofrito ya empieza a estar bastante reducido. Es fundamental dejar que el sofrito reduzca bien hasta que veas que el aceite empieza a separarse y el color es intenso. Aquí es donde se concentra todo el sabor que luego absorberá nuestro arroz.
Cuando el sofrito esté bien reducido, añadimos el colorante y el pimentón dulce
También añadimos las finas hierbas
Ahora viene el punto especial: incorporamos el medio vaso de cava. Dejamos que el alcohol se evapore y el líquido reduzca durante 15 minutos; el aroma que desprenderá tu cocina será increíble.
Añadimos el agua y llevamos a ebullición
Es el momento de añadir las alcachofas. Bajamos un poco el fuego y dejamos que hiervan unos 10 minutos antes de incorporar el arroz. Rectificamos de sal.
Añadimos el arroz y cocinamos durante 12 minutos
El remate final: La Picada Mientras el arroz se cocina, preparamos una 'picada' tradicional en el mortero con un diente de ajo, perejil fresco y el hígado del conejo (que habremos frito previamente con la carne).
Repartimos la picada por toda la cazuela y movemos suavemente para que el sabor se integre por completo.
Apagamos el fuego, tapamos la cazuela y dejamos reposar el arroz durante 3 minutos. Este reposo es fundamental para que el grano termine de asentarse y absorba los últimos jugos de la picada.
¡Listo para servir!
Y aquí lo tenéis: un arroz de conejo y alcachofas con ese color dorado tan característico y un grano que ha absorbido todo el sabor del sofrito y la picada. Al servirlo, notarás que las alcachofas están en su punto justo de ternura y que el aroma del cava y las finas hierbas envuelve todo el plato.Es un arroz que invita a sentarse a la mesa sin prisas, disfrutando de cada bocado como se ha hecho en mi familia durante generaciones. No hay nada más satisfactorio que ver cómo ingredientes tan humildes se convierten en un manjar gracias al cariño y al tiempo dedicado en la cocina.¡Espero que os animéis a probarlo y me contéis qué os ha parecido! 🙂"