El primer paso es preparar la fruta. Lava bien los melocotones y sécalos con delicadeza. Córtalos por la mitad, retira el hueso y divide cada parte en gajos uniformes de, aproximadamente, un centímetro y medio de grosor. Mantener este grosor es vital: si los cortas demasiado finos se desharán con el calor, y si son muy gruesos, no llegarán a templarse por dentro.
Pon a calentar una sartén antiadherente a fuego medio-alto y añade apenas un chorrito de aceite de oliva virgen extra. Cuando esté caliente, coloca los gajos de melocotón sin amontonarlos. Deja que se marquen durante unos dos minutos por cada lado hasta que veas que los azúcares naturales, junto con el aceite, crean una preciosa capa dorada y brillante. Retíralos y reserva.
No laves la sartén; aprovecha esos jugos y el toque de aceite que han dejado los melocotones. Baja el fuego a nivel medio, añade los piñones y remueve constantemente. En apenas un par de minutos verás cómo se impregnan del aroma de la fruta, se vuelven brillantes y adquieren un tono tostado ideal. Retíralos enseguida para interrumpir la cocción y evitar que se quemen.
Para el aliño, busca un tarro pequeño de cristal con tapa. Introduce el aceite de oliva virgen extra, una pizca de sal, pimienta negra recién molida y un hilo sutil de crema balsámica. Cierra el tarro y agítalo con energía durante unos segundos. Verás cómo los ingredientes se ligan por completo, transformándose en una vinagreta brillante, densa y homogénea.
Llegó el momento de emplatar nuestra ensalada.Crea una cama con los brotes tiernos en el centro de la fuente. Sobre ellos, distribuye los gajos de melocotón todavía templados. A continuación, entrelaza las 4-5 lonchas de jamón ibérico; verás cómo el calor residual de la fruta hace que la grasa del jamón comience a sudar, liberando todo su aroma.Corona el plato colocando la burrata a tu gusto.Por último, esparce los piñones tostados y riega el conjunto con un hilo generoso de tu emulsión balsámica justo antes de llevar a la mesa.