Retira las pepitas de los pimientos choriceros y colócalos en un cazo con aproximadamente 500 ml de agua.Cuando el agua comience a hervir, cuécelos durante 2 minutos.Retira el cazo del fuego y deja los pimientos reposando en la misma agua caliente. Calienta un buen chorro de aceite de oliva virgen extra en una cazuela de barro. Fríe la cabeza de ajos entera, las rodajas de pan y las almendras hasta que cojan un tono dorado bonito (vigilando que no se quemen). Retíralos y resérvalos para el majado.
En ese mismo aceite, deja la cabeza de ajos entera. Incorpora el hígado, los 4 dientes de ajo pelados y el conejo (previamente salpimentado). Cocínalo todo a fuego medio-alto hasta que la carne y los ajos estén bien dorados por todos sus lados y se forme una base llena de sabor en el fondo de la cazuela. (Nota: cuando el hígado esté en su punto, puedes retirarlo para el majado).
Incorpora las hojas de laurel a la cazuela y continúa cocinando unos minutos para que todo termine de aromatizar el guiso.
Vierte el vino blanco y deja que hierva unos minutos para que el alcohol se evapore, reduzca y recoja todos los jugos concentrados de la cazuela.
Tritura los pimientos choriceros que habías hervido junto con su propia agua de cocción, pasando la mezcla por un colador directamente a la cazuela para que quede bien limpia. Remueve para que se integre con los jugos y el vino.
En un mortero, comienza machacando 1 diente de ajo crudo, las almendras tostadas y 1 cayena. A continuación, añade el pan tostado (al que habrás dado un ligero toque de humedad antes para que no cueste tanto de picar) y machaca bien hasta que empiece a emulsionar. Después, incorpora el hígado que tenías reservado y, finalmente, añade los ajos enteros fritos que estaban en el conejo hasta conseguir una pasta homogénea.
Añade el majado a la cazuela y, en lugar de usar cubiertos, zarandea la cazuela con gracia para que la picada se reparta y se funda perfectamente con el caldo y el vino reducido.
Añade sal y pimienta. Baja el fuego y deja cocinar lentamente durante unos 15 minutos, removiendo o zarandeando de vez en cuando, hasta que el conejo esté tierno y la salsa adquiera una textura espesa, brillante y melosa. Si ves que la salsa se queda muy espesa, puedes incorporar un poquito de agua.
Añade las piparras en vinagre junto con un chorrito de su propio vinagre para que empiecen a integrarse en el guiso.
Recuerda que este guiso está todavía más bueno si lo dejas reposar un buen rato antes de servir. Llévalo a la mesa bien caliente acompañado de abundante pan para mojar en la salsa hasta la última gota.
Espero que disfrutes tanto como yo cocinando esta receta con cariño y honra a nuestros antepasados; para mí es un pequeño tesoro.🏺✨