Empieza preparando los gambones: hazles un corte en el lomo para retirar el intestino. Así quedan perfectos y limpios antes de ir a la sartén. Reservamos.
Pela y corta las patatas en gajos o bastones gruesos. Sumérgelas en un bol con agua fría y abundante hielo durante 30 minutos. Este paso elimina el exceso de almidón y es el truco para que queden increíblemente crujientes por fuera y tiernas por dentro.
Pasado este tiempo, escurre las patatas y sécalas muy bien con papel de cocina.
Fríelas en abundante aceite de oliva virgen extra hasta que consigas ese color dorado exterior y una textura tierna por dentro. Escúrrelas bien, ponlas como base en el plato y dales un toque de sal.
Mientras se hacen las patatas, prepara tu picada. Tritura un buen chorro de aceite de oliva, el diente de ajo, perejil fresco y un toque de zumo de limón. El resultado debe ser un aliño vibrante y aromático.
Fríe los huevos en la misma sartén de las patatas fritas. Busca ese borde crujiente y tostado (la puntilla) manteniendo la yema líquida, casi intacta. (o a tu gusto)
Ahora es el momento de los gambones. Saltéalos a fuego fuerte en una sartén. Sal pimienta al gusto y por ultimo riega con la picada de ajo y perejil.
Coloca en una bandeja primero las patatas, añade los huevos fritos y las gambas.
En ultimo lugar, riega el plato con el jugo de las gambas que ha quedado en la sartén. Esto es pura fantasía!
Decora con unas hojitas de perejil y sirve muy rápido para poder disfrutar de esta maravilla de plato en su punto.Servimos el plato así, intacto. El nombre de "huevos rotos" cobra sentido ahora: es el momento de que cada uno, ya en la mesa, rompa las yemas para que bañen las patatas y se mezclen con el jugo de los gambones.