Prepara el almíbar: En un cazo pequeño, pon a calentar los 150 ml de agua junto con los 75 g de azúcar blanco y la piel de un limón. Deja que hierva un par de minutos, justo hasta que el azúcar se disuelva y la cocina empiece a oler a limón. Retira del fuego, añade las 2 cucharadas de zumo de limón, deja enfriar y reserva.
Pasteuriza las yemas al baño maría: Bate las 4 yemas junto con los 120 g de azúcar en un bol resistente al calor y colócalo sobre una olla con agua caliente, sin que el bol llegue a tocar el agua. Cocina a fuego medio-bajo, removiendo sin parar con unas varillas para que las yemas no cuajen ni se hagan grumos. Yo uso este termómetro de cocina para controlar la temperatura con precisión, ya que el punto justo es cuando la mezcla alcanza los 70-71°C: ahí las yemas quedan pasteurizadas y seguras, pero mantienen toda su cremosidad. En cuanto veas esa temperatura en el termómetro, retira el bol del calor y sigue batiendo unos segundos más fuera del fuego, para cortar la cocción. Deja templar antes de seguir con el siguiente paso.Sé que mucha gente prepara el tiramisú sin pasar por este paso, y es una opción totalmente válida si usas huevos de confianza, pero a mí me gusta pasteurizarlas siempre: es un pasito extra que apenas lleva tiempo y te da la tranquilidad de que el postre es igual de seguro que delicioso.Si prefieres no pasteurizar, simplemente sigue este mismo paso pero sin colocar el bol al baño maría ni calentar las yemas: bátelas directamente con el azúcar hasta integrar bien, y continúa con la receta con normalidad. Bate hasta blanquear: Una vez que las yemas pasteurizadas se hayan enfriado por completo, bátelas de nuevo, esta vez a velocidad más alta, hasta que la mezcla blanquee y doble su volumen, quedando esponjosa y ligera. Este paso es clave para conseguir esa textura cremosa tan característica del tiramisú.
Incorpora el mascarpone: Añade los 500 g de mascarpone frío y mezcla con movimientos envolventes, de abajo hacia arriba, hasta lograr una crema lisa y sin grumos. Ve con calma aquí; no hay prisa, solo ganas de que quede perfecta.Incorpora la ralladura de 1 limón a la crema de mascarpone y mezcla bien. Empieza el montaje: Pasa cada bizcocho Savoiardi rápidamente por el almíbar de limón (un par de segundos por cada lado es suficiente, si no se empapan demasiado y se deshacen). Ve colocándolos en la base de tu molde o copas individuales, formando la primera capa.
Cubre con la crema: Reparte una capa generosa de la crema de mascarpone y limón sobre los bizcochos, alisando bien con una espátula o el dorso de una cuchara.
Repite las capas: Vuelve a mojar bizcochos, colócalos encima, y cubre con otra capa de crema. Puedes hacer dos o tres capas, según la altura de tu molde, terminando siempre con crema arriba.
Deja reposar en la nevera: Cubre con film transparente y refrigera al menos 4 horas, aunque si puedes dejarlo toda la noche, mucho mejor. Este tiempo de espera es donde ocurre la magia: los sabores se asientan y la textura se vuelve irresistible.
Decora y sirve: Justo antes de servir, decora con rodajas de limón, ralladura de piel de limón por encima y hojitas de menta fresca. Sirve frío y disfruta de cada cucharada como si fuera un pequeño momento de sol.