Comienza preparando la crema pastelera, ya que necesita tiempo de reposo en la nevera para enfriarse por completo y adquirir una textura espesa y cremosa. Calienta la leche en un cazo junto la piel de limón hasta que esté a punto de hervir. Retírala del fuego y deja que se aromatice unos minutos.
En un bol, mezcla las yemas de huevo con el azúcar, la vainilla y la maicena hasta obtener una preparación homogénea y sin grumos. Retira la piel de limón y vierte poco a poco la leche caliente mientras remueves con unas varillas para integrar todos los ingredientes. Devuelve la mezcla al cazo y cocina a fuego medio-bajo, removiendo constantemente, hasta que la crema espese y tenga una textura suave y cremosa.
Retira la crema pastelera del fuego y pásala a un recipiente limpio. Cubre la superficie con film transparente en contacto directo con la crema para evitar que se forme una película. Deja que pierda algo de calor y guárdala en la nevera durante un mínimo de 2 horas, hasta que esté completamente fría y firme. Este reposo es fundamental para conseguir una buena consistencia al montar la tarta.
Precalienta el horno a 200 °C, con calor arriba y abajo. Extiende la lámina de hojaldre sobre una bandeja cubierta con papel vegetal y pincha toda la superficie con un tenedor para evitar que suba demasiado durante el horneado. Hornea durante 13-15 minutos, o hasta que esté dorado y crujiente. Deja que se enfríe por completo antes de añadir la crema pastelera.Si prefieres una base con los bordes elevados, corta unas tiras de hojaldre y colócalas alrededor del contorno, pegándolas con un poco de agua o huevo batido antes de hornear. Mientras se enfría la base, prepara las frutas frescas. Lava cuidadosamente las fresas y las frambuesas y sécalas con papel de cocina. Pela el kiwi y el caqui y córtalos en láminas finas. Corta los higos en mitades o cuartos, según su tamaño. Es importante que la fruta esté bien seca para evitar que desprenda demasiada humedad sobre la crema.
Cuando el hojaldre esté frío y la crema pastelera haya reposado el tiempo suficiente, extiende la crema sobre la parte central de la base, dejando libre el borde dorado. Distribúyela uniformemente con una espátula o una manga pastelera para conseguir una superficie uniforme.
Coloca las frutas sobre la crema pastelera, alternando colores, formas y texturas para conseguir una presentación bonita y natural. Reparte las láminas de kiwi y caqui, intercala las fresas y los higos y termina con las frambuesas. Puedes variar la distribución según tu gusto y el tamaño de las frutas.
Para preparar el brillo, hidrata las dos láminas de gelatina en un recipiente con agua fría durante unos 5-10 minutos. Mientras tanto, calienta los 90 ml de agua con una o dos cucharaditas de azúcar, removiendo hasta que se disuelva, sin necesidad de que hierva. Retira el cazo del fuego, escurre la gelatina y añádela al agua caliente. Remueve hasta que se disuelva por completo y deja que la mezcla se temple ligeramente.
Con un pincel de cocina, aplica una capa fina de brillo sobre las frutas, con cuidado de no mover la decoración. La mezcla debe seguir líquida, pero no estar demasiado caliente, para poder extenderla fácilmente y conseguir un acabado brillante y apetecible.
Guarda la tarta en la nevera hasta el momento de servir. Para disfrutar de un hojaldre más crujiente, lo ideal es montarla lo más cerca posible del momento de consumirla.