Comienza separando las yemas de las claras y colócalas en dos recipientes distintos. Procura que no caiga nada de yema en las claras para que después monten correctamente.
Añade la mitad del azúcar a las yemas y bátelas con unas varillas eléctricas durante varios minutos. Verás cómo la mezcla cambia de color, se vuelve más pálida y aumenta de volumen. Este paso es fundamental para conseguir una crema suave y aireada.
Añade el queso mascarpone poco a poco y mézclalo con una espátula o unas varillas a baja velocidad hasta obtener una crema homogénea, sin grumos y con una textura sedosa.
En otro recipiente limpio y seco, bate las claras a punto de nieve. Cuando empiecen a estar firmes, añade poco a poco el azúcar restante y continúa batiendo hasta conseguir un merengue brillante y estable.
Incorpora las claras montadas a la mezcla de mascarpone en varias tandas. Hazlo con movimientos suaves y envolventes, de abajo hacia arriba, para evitar que pierdan el aire acumulado durante el batido.Este es uno de los secretos de un buen tiramisú: una crema ligera, cremosa y con cuerpo, sin necesidad de añadir nata. Una vez lista la crema, cúbrela y déjala reposar en la nevera mientras preparas el resto de ingredientes.
Haz dos vasos de café espresso y añade un chorrito de licor Amaretto al gusto. No conviene excederse para que el licor no domine el sabor del postre. Deja que el café se temple antes de utilizarlo.
Sumerge los bizcochos de soletilla en el café durante apenas unos segundos. Deben absorber líquido, pero sin llegar a empaparse en exceso o podrían deshacerse al montar el postre.
Coloca los bizcochos en la base del recipiente elegido, cubriendo toda la superficie. Puedes utilizar una fuente grande o preparar porciones individuales en vasos o copas.
Extiende una capa generosa de crema de mascarpone sobre los bizcochos y repártela de forma uniforme con ayuda de una espátula.Si te gusta un sabor más intenso, puedes espolvorear una fina capa de cacao puro sobre la crema antes de continuar con el montaje. Coloca una segunda capa de bizcochos ligeramente humedecidos en café y cúbrelos con el resto de la crema. Si buscas una presentación más elegante, puedes aplicar la última capa utilizando una manga pastelera.
Guarda el tiramisú en la nevera durante al menos 4 horas, aunque lo ideal es prepararlo el día anterior. Durante el reposo los sabores se integran y la textura se vuelve mucho más cremosa y estable.
Justo antes de servir, espolvorea una generosa capa de cacao puro en polvo sobre toda la superficie con ayuda de un colador o tamiz. Este último toque aporta el sabor característico del auténtico tiramisú italiano y contrasta perfectamente con la suavidad de la crema de mascarpone.