Preparamos nuestra brasa de leña. Si tenemos la posibilidad es lo mejor, porque necesitamos que el fuego queme la piel para que aporte ese sabor espectacular y realce los ingredientes. Si no es posible, precalentamos el horno a 200°C.
Lavamos bien las verduras. Pinchamos las berenjenas con un tenedor para que no exploten con el calor y las ponemos en la brasa (o bandeja de horno) junto a los pimientos y las cebollas.
Dejamos que las verduras se asen. Es fundamental que la piel se tueste y se queme un poco por fuera; ese aspecto chamuscado es el que garantiza que por dentro estén melosas y que luego la piel salga sin esfuerzo. Recuerda que las cebollas suelen tardar un poquito más.
Cuando están bien cocidas y con la piel tostada, las apartamos en un recipiente y lo tapamos inmediatamente. El vapor que sueltan al estar quemadas y calientes hará que la piel se desprenda prácticamente sola.
Una vez que las hortalizas ya no queman, las pelamos. Verás que, gracias al quemado y al vapor, la piel sale en tiras grandes. Las limpiamos bien de pepitas.
Cortamos los pimientos y las berenjenas en tiras. Para las cebollas, usamos un cuchillo y las cortamos en tipo juliana.
Disponemos todo en un plato, salpimentamos y repartimos el diente de ajo picado muy fino. (esto es opcional)
Terminamos con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra (AOVE). ¡Fin!