Empezamos lavando los calabacines redondos. Cortamos la parte superior (la "tapa"), cortamos el calabacín por la mitad y con ayuda de una sacabolas o una cuchara, vaciamos el interior. No tires la pulpa y resérvala, porque será la base de nuestra cremosidad.
Para que el calabacín mantenga ese verde vibrante y una textura firme tras el horno:Ponemos las "copas" de calabacín en agua hirviendo durante 10 minutos.El truco pro: Prepara un bol con agua y hielos. Al sacar los calabacines del agua hirviendo, sumérgelos inmediatamente en el agua helada. Esto corta la cocción de golpe y fija el color. En una sartén con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, empezamos sufriendo el ajo, la zanahoria y la cebolla bien picaditas. Cuando empiecen a estar tiernas, añadimos la pulpa del calabacín que habíamos reservado. Deja que se cocine todo junto hasta que el agua de la verdura se evapore y tengamos una base melosa.
Añadimos la carne picada, salpimentamos y ponemos el pimentón dulce. Cuando la carne esté cogiendo color, vertemos el tomate triturado y el tomillo fresco.El toque Soulfood: Añade los 50 ml de nata para cocinar. Esto ligará todos los jugos y hará que el relleno sea infinitamente más cremoso y suave al paladar. Secamos un poco el interior de los calabacines escaldados y los rellenamos generosamente con nuestra mezcla de carne. No escatimes, ¡queremos que rebosen!
Cubrimos cada calabacín con una buena capa de queso Emmental rallado. Llevamos al horno (precalentado a 180°C) hasta que el queso esté totalmente fundido y empiece a burbujear con ese tono dorado tan apetecible. Mas o menos 20 minutos.
Cuando saques los calabacines del horno, verás que el contraste entre el verde brillante de la piel y el dorado del queso es espectacular. Deja que reposen un minuto antes de servir para que los jugos se asienten. ¡Buen provecho! 🤎✨